
Hay momentos en la vida que llegan para romperlo todo… y al mismo tiempo, para reconstruirte.
Hasta la pandemia, yo no conocía realmente el amor incondicional de un perro. Fue en medio de ese mundo detenido cuando adopté a Celta.
En días de incertidumbre y silencio, ella llenó mi casa de vida. Con su mirada noble y su alegría simple me enseñó un amor puro, sin condiciones. Un amor que sana.
Pero ese tiempo también trajo cambios profundos. Después de 20 años de relación, me separé. Con dos hijos y el corazón lleno de preguntas, tuve que volver a empezar. Reinventarme. Sostener. Ser fuerte incluso cuando no sabía de dónde sacar fuerzas.
Y como si la vida siguiera probándome, mi abuela —que fue como una madre para mí— se enfermó. Dejé mi trabajo para cuidarla. Fueron tiempos de entrega total, de cansancio, de aprendizaje y de crecimiento interior.
En medio de todo ese proceso entendí algo que me atravesó profundamente: la vida es demasiado corta para no hacer lo que realmente te hace feliz.
Cuando me pregunté qué me hacía vibrar de verdad, la respuesta estaba a mis pies moviendo la cola. Los perros. Su nobleza, su ternura, su capacidad infinita de dar amor incluso cuando uno siente que se está rompiendo por dentro.
Así nació Petlookeria.
No nació desde la comodidad.
Nació desde la valentía.
Desde el amor.
Desde la decisión de construir una nueva vida
para mí y para mis hijos.
Petlookeria es el lugar que soñé para Celta. Un espacio donde cada perro es tratado con paciencia, respeto y cariño real. Donde entendemos que no son solo mascotas, son familia. Donde cada baño, cada corte y cada gesto están hechos con el corazón.
Hoy, cada mañana que levanto la persiana, no solo abro un negocio. Abro un sueño que construí desde cero. Un sueño que me recuerda que incluso después de las tormentas más fuertes, siempre puede nacer algo hermoso.
Gracias a Celta por mostrarme el camino.
Gracias a mi abuela por enseñarme la fortaleza.
Gracias a mis hijos por ser mi motor.
Gracias a todas y todos aquellos que aportaron su granito de arena para que este sueño hoy sea real. Especialmente a Valentina por confiar siempre en mí.
Petlookeria no es solo una peluquería canina.
Es la prueba de que se puede empezar de nuevo… y ser feliz.
LA HISTORIA DE PETLOOKERÍA
